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MUI

Restaurante cerrado en 2015
 

Calle: Ballesta, 4. Zona Centro. Madrid.

Teléfono: 915 22 57 86
Web: www.muiballesta4.com
Fecha: 29 de febrero de 2012 CENA:
 
 
PRESENTACIÓN:

Pinchos. Cocina tradicional.

 

"Tratamos de rescatar las tapas de siempre, las de toda la vida, aunque actualizándolas en sus puntos de cocción y, en algunos casos, en su presentación. Queremos que sea un sitio cómodo, acogedor y con un trato mui directo. Vamos a cantar y contar nuestras tapas para ofrecer a nuestros clientes o mejor de nosotros. Nos gusta el ruido (no el escándalo). Cada barra es un punto de encuentro con un pequeño concepto y, en su conjunto, todo es un simple concepto: mui es un bar. mui es un bar para escapadas, para encuentros, para recogidas y para quedar con los amigos. mui es un bar unidireccional: entras y ... al fondo ha sitio (el gran sitio) y también tiene su punto de maldad porque la tentación está mui arriba. En definitiva, mui es ese bar donde al llegar nos dicen:"¡Buenos días, bienvenidos!" "Pasen, que al fondo hay sitio" "Hoy tenemos..." Y al final, un: "Adiós, muchas gracias y vuelvan pronto" "

(Extraido de su tarjeta de presentación.)

 
Fundado:

El 3 de enero de 2011

Propietario: Juanjo Lopez Bedmar (el de La tasquita de enfrente)
Encargada: Mercedes Romero
Chef: César Rodríguez
Jefe de sala:  
Sumiller:  
 
El precio medio estimado por persona en la fecha de la cena es de 30 €.
 
COMENTARIOS:

Nombre: Mui. Según el diccionario de la R.A.E. significa lengua o boca y viene del caló. Así la frase castiza "no te achantes la muí" quiere decir no te calles. Se podía oír en la copla de Antonio Molina "Soy un pobre presidiario" en la que dice: "cállate la boca que me quiero dormir, como no achantes la mui, te voy a dar". Se le pondría este nombre, quizás, porque sus anteriores dueños, los de "La Tasquita de Enfrente", querían hacer un local moderno pero manteniendo los platos castizos de Madrid.

Historia: Mui fue concebido por Juan José López Bedmar, chef y dueño del restaurante "La Tasquita de Enfrente" justo al lado, pared con pared. Ahora, a poco más de un año de su inauguración, es regentado, según nos comento una de las camareras, por los dueños del edificio, un arquitecto y un abogado, metidos a hosteleros.

Las cañas: Las tomamos en el propio bar. Fueron cuatro cañas de cerveza, a 2,00 € cada una y dos copas de vino blanco, una a 3,00 € y la otra a 3,50 €. De tapa, mortadela italiana.

Carta en la web: No tiene.

Carta de vinos en la web: No tiene.
La cena: La infrecuente estancia de Tino en Madrid motivó que alguno de nosotros quedásemos con él para tomar algo. Lo que en principio iban a ser unas simples cañas y algo de picar se convirtió en una cena regular de El Tragón, gracias a la asistencia mayoritaria de sus miembros. La cena tuvo la singularidad de hacerse en miércoles y de celebrarse, precisamente, un 29 de febrero. La alegría final y el resultado de la cena fueron tan satisfactorios, que quizás hubiera que considerar instaurar oficialmente estas cenas en todos los años bisiestos

Entorno: En la zona centro de Madrid, detrás de la Gran Vía. Un lugar que, tras un tiempo sumido en la decadencia y la marginación, se haya hoy en proceso de cambio, con zonas ya totalmente remozadas y al que llaman TriBall (triángulo de Ballesta). Para venir, mejor transporte público.

Local: Está situado en pleno centro de Madrid, a la espalda del Congreso de los Diputados. El local es estrecho y alargado. La puerta de entrada da paso al bar, con la barra situada a la izquierda y a continuación, uno tras otro a tres salones desiguales. La separación entre ellos se consigue mediante tabiques con puertas y ventanas abiertas que, a la vez que los divide, permiten una vista global del local. Da la sensación que inicialmente el comedor fue el salón central, que es el más grande, y que posteriormente se ha ido ampliando a los otros dos espacios. El primero, después del bar, tiene la escalera de bajada a los baños y el último el acceso a las cocinas y la puerta de salida de emergencia, delante de la cual, esa noche, había una mesa con comensales que impedia su normal acceso. Las paredes no son lisas sino que llevan una capa rugosa de pasta pintada de color rosa claro. Las puertas y ventanas están rodeadas de ladrillo visto pintado del mismo tono que la pared y llevan un borde remarcado de rosa oscuro. La decoración es rústica y variopinta. Del techo, pintado de blanco y con vigas en color azulón, cuelgan grandes cestos de mimbre de los que sobresalen plantas. La iluminación, suficiente, la proporcionan apliques en las paredes. El suelo es de baldosas cuadradas marrones, tipo catalanas, con yaga grande entre ellas. Las mesas son de madera, rectangulares y cuadradas, a juego con las sillas que no tienen cojín para mitigar su dureza. Nos colocaron en la zona del final, junto a las cocinas, en una mesa pequeña para cuatro y eso que éramos cinco. La separación entre mesas, escasa. Sobre un mantel sencillo colocan manteles individuales sintéticos. La vajilla moderna y la cubertería clásica. Copas para el vino y el agua.

Comensales: Siete. Antonio Arnáiz, Raúl, Tino, Paco, Carlos, Ricardo y Antonio Ávila.
La comida: Aunque la carta incluía muchos platos y raciones de diseño, nos decidimos por una comida tradicional, como siempre para compartir.

Pan: Ponen un bol en le centro, con una servilleta azul, y sobre ella el pan, de barra y cortado. A 0,50 € por persona.

Aperitivo: No ponen.

Entrantes:

Croquetas de jamón. Se presentan en plato llano blanco y forman una estrella. Una para cada comensal. Sabrosas y de considerable tamaño. Crujientes por fuera, de besamel casi líquida y con tropezones de jamón. Se deshacen al morderlas. Más que aceptables. A 2,20 € la unidad.

Torreznos con yema de huevo. Toda una sorpresa. Se servían en plato llano acompañados de un bol con yema de huevo, poco hecha, que les proporcionaban una agradable untuosidad. Crujientes y de sabor agradable. Excelentes. De lo mejor de la cena. Se pidió un plato a 5,90 €.

Patatas bravas. Las sirven en una sartencita. Una salsa brava bastante acertada, aunque con mucho sabor a pimentón, no compensaba a las patatas, cuya textura denunciaba que estaban hechas con bastante anterioridad. Una pena. Lo único flojo de la cena. Se pidió una ración a 5,90 €.

Platos principales:

Callos madrileños con anís de Chinchón. Lo sirven en un plato hondo. Esta innovación solo aporta un ligero sabor a anís que desvirtúa el verdadero de la salsa de los callos, que por si solos estaban buenos. La salsa poco densa. Se pidió una ración a 14,00 €.

Chuletón de Buey. Otro de los buenos regalos que ofertaba el restaurante. Trajeron un chuletón fileteado de casi a un kilo de peso, acompañado de patatas. Carne tierna, sabrosa y de sabor intenso. Todo un placer. Además, no lo sirvieron sobre esos platos refractarios que ahúman a los comensales y que deberían estar prohibidos. Por poner alguna pega, los últimos filetes se enfriaron enseguida y cuando lo atemperaron llegó recalentado y algo más seco. Precio del chuletón 45,00 €.

Postres:

Esponja de mango y mandarina. Un postre nuevo elaborado por el chef. Viene en un vaso y se come con cucharilla. La parte superior está cubierta de nata líquida, en el centro va "la esponja", de textura sólida y esponjosa, quizás de ahí su nombre, y en el fondo una crema con sabor a café. Bueno. Cada uno sale a 5,50 €.

Tiramisú. Los sirven con una presentación similar a la esponja de mango y mandarina. Irregulares. El tiramisú, muy correcto, presentaba una textura líquida impropia de este postre. Una lástima, porque su sabor era muy agradable. Precio: 5,50 €.

Cafés e infusiones:

Tomamos seis cafés y un poleo menta, todos al mismo precio, 2,00 € la unidad. Correctos, sin nada reseñable.

Vino:

Tagonius crianza 2006: Con denominación de origen Madrid. Bodegas Tagonius (www.tagonius.com). Bebimos dos botellas, cada una a 20,00 €. Muy bueno. Tagonius es una garantía de éxito seguro. El precio aproximado de venta al público en una tienda es de 11,50 € la botella.

Copas: Nos invitaron a chupitos. Nos dejaron los vasos y tres botellas, pacharan, licor de hierbas y crema de orujo. Un buen detalle.

Servicio: Muy profesional y atento. Informó sobre la carta y aconsejó acertadamente. Sumó además, un derroche de simpatía y una sonrisa constantes, valores añadidos que deberían estar presentes en todos los locales de comidas. Un ejemplo a seguir. En cuanto a la continuidad, hubo retraso entre los entrantes y los segundos y cuando se sirvieron estos, muy seguidos, el chuletón quedo a la espera de terminar los callos, quizás por eso su temperatura no fue la adecuada. También se nos convenció, hablándonos de sus bondades, para que pidiéramos presa ibérica y secreto. Así lo hicimos, pero no quedaba género, se había terminado.

Porcentajes: Del total del precio en factura de la cena, sin incluir las cañas, el 69,3% corresponde a comida y el 30,7% a bebida.

La carta y la factura: Ambas contienen los precios con el I.V.A incluido. La factura contiene errores.

Comentario final: Bar con decoración actual, bien iluminado. Mesas para picar y taburetes en la barra alrededor de la cocina. Más cercano a una tasca que a un comedor. Ofrece platos tradicionales actualizados. Los productos bien presentados, sin florituras y de buena calidad. Trato amable y campechano.

 
Ricardo y Antonio Ávila .
 
 
PUNTUACIONES:
 
AAv
AAr
APo
Car
Jus
Pac
Rau
Ric
Tino
7
8
-
7
-
7
8
8
7
 
PUNTUACIÓN MEDIA:

7,43

 
 
PRECIOS DE LA CENA POR PERSONA:
 
LA NOCHE DE LA CENA:
26,24 €
ACTUALIZADO:
 
En el precio no se incluyen cañas ni copas.
 
Reservó Raúl.
 
Ver factura
Ver tarjeta
 
La carta (29/2/2012):
 
OTROS ENLACES DE INTERES:
Crítica de Metrópolis
 
 
Actualizada el 19 de octubre de 2015
 
Notas: Las puntuaciones y comentarios que se expresan en esta web son referentes a las cenas y a las circunstancias concretas que concurren en cada una de ellas. No se juzga ni puntúa al restaurante.
 
 

 

 

 

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