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LA COLONIAL DE GOYA
 
Calle: Calle Jorge Juan, 34. Zona Salamanca. Madrid.
Teléfono: 91 575 63 06
Web: www.restauranterincondegoya.es
  CENA
Fecha: 26 de agosto de 2011 257
 
 
PRESENTACIÓN: TAPAS .
 

"Este es otro punto a disfrutar de la ruta gastronómica que le ofrecemos. Lo primero que percibe el visitante es una decoración de un blanco intenso y una colección de latas antiguas que recrean las primeras tiendas de ultramarinos, ya que la colonial se encuentra en el mismo lugar que ocupó la primera tienda de ultramarinos de Madrid. La luz y la música “chill-out” de fondo, los canapés calientes preparados en el momento que los solicita el cliente y su ambiente distendido hacen de la colonial el sitio ideal para el almuerzo, la cena o un descanso entre jornadas."

(Extraído de su página web)

 
Fundado en:  
Propietario: Antonio Arranz
Jefe de cocina:  
 

El propietario, además de este restaurante, posee otros como "El rincón de Goya" y "La Montadería de Goya", también pertenecen al grupo "La Taberna El rincón de Goya" y el "Café LG 48".

 
Precio medio por persona de 20.00 € en la fecha de la cena.
 
COMENTARIOS:
Nombre: Todos los restaurantes del grupo llevan la coletilla "de Goya" y ninguno está en la calle Goya, aunque si muy cerca.
Carta en la web: Si, sin precios y con fotos de algunos platos.
Carta de vinos en la web: No.

Comensales: Solo dos. Ricardo y Raúl.

Las cañas:

Local: Totalmente revestido de color blanco consigue crear una atmósfera muy luminosa y desenfadada. Paredes, sillas, mesas diminutas, bancos con respaldo,...todo en blanco.
La decoración se ha resuelto de una forma muy original a base de recrear las viejas cocinas de la abuela, con repisas de botellas de vino, aceite.... Recuerda a las alacenas repletas con frascos de conserva y cajas de Colacao.
Se echaba en falta algo también blanco sobre las mesas: el mantel, aunque hubiera sido de papel y blanco. Precio de la caña 2,25 €.

Ambiente: Público muy joven y mayoritariamente femenino. La cercanía de las vacaciones se hacía notar en los bronceados que lucían piernas y escotes.
La exhibición de vestidos de fiesta y de I-pad, la posibilidad de compartir bancos y el optimismo general de la clientela hacían suponer que el restaurante era un punto de encuentro, el primer paso de una larga y fructífera etapa nocturna por los bares de copas cercanos. Como así hubo ocasión de comprobar.
Anécdotas: Se batió el record negativo de asistencia a la cenas del club: tan sólo dos comensales. También se batió muy por arriba el registro de presencia femenina en todos los restaurantes en los hemos celebrado cenas.
Pan: Dos bollitos servidos dentro de una cesta de mimbre. La variedad de elección se reducía a tomar el pan de tu compañero en lugar del tuyo. Entre mediocre y aceptable. A 1,00 € por persona.
Para compartir: Olvidando la finura de los aperitivos que sirvieron en barra con las cañas y desoyendo las recomendaciones de las chicas que compartían el banco y que nos sugerían que eligiéramos pinchos calientes (hasta 65 variedades), nos inclinamos por pedir cuatro raciones para compartir. Gran error.
Langostinos: En realidad sirvieron una ensalada, en la que la abundancia y surtido de lechugas contrastaba con la escasez de langostinos. Habría que cambiar el título del plato por el de ensalada variada al aroma de gamba. Incalificable, por falta de materia que puntuar. Se pidió una ración a 6,00 €
Carpaccio de bacalao: El plato más logrado. Láminas de bacalao sobre una vinagreta a la que se había añadido un picadillo de aceitunas negras que creaba una agradable mezcla de texturas y sabores. Más que aceptable. Un plato a 6,96 €.

Chipirones encebollados: Lo peor de la cena. De tamaño similar a chopitos, gomosos y con un tufo a pescado podrido. Sólo el afortunado acompañamiento de una patata gratinada con alioli, permite suavizar el calificativo de repugnante y dejarlo en asqueroso. De haber tenido un precio más elevado habría sido necesaria una actitud más reivindicativa que limitarse a dejar la ración intacta sobre el plato. Una ración a 8,99 €.

Huevos estrellados: Decepcionantes. Se trataba de un simulacro de huevos revueltos, con patatas a la panadera acartonadas y resecas, fritas cuando menos el día anterior. El jamón se sustituía por un picadillo de carne cruda y salada. Pésimos. Una ración a 7,50 €.

Postres:

Helado de canela y limón: Lamentable. Prefabricado y sin gracia. El aroma a canela obtenido a base que química. Consiguieron lo imposible: un helado industrial con sabor desagradable. Una bola a 3,90 €.

Tiramisú: Sirvieron más bien un suflé de café excesivamente untuoso, acompañado de una nata apelmazada, densa e incomible. Muy flojo. Uno a 5,00 €.
Cafés: La política comercial de la casa de conseguir precios reducidos a base de rotaciones rápidas en las mesas y de evitar sobremesas se acentúa los viernes y sábados, días en los que no se sirven cafés.
Vinos: Ramón Bilbao selección, de una excelente relación calidad/precio (18 €). Dado los importes moderados del menú, supuso un tercio de la cuenta. Servido a temperatura ideal y presentado en mesa con todo el protocolo. Lo mejor de la cena. Con denominación de origen Rioja. De las bodegas del mismo nombre (www.martinezlacuesta.com).
Licores: Dado el bajo nivel de la comida por la que había que pagar, costaba imaginar la calidad de los alcoholes que ofrecían gratis. Aunque invitaron a chupitos a las chicas que compartían nuestro banco, no nos los ofrecieron a nosotros. Detalle que nuestros estómagos agradecieron sinceramente.

Servicio: Muy acelerado al principio, habituados a una clientela poco exigente y forzados por la política de rápida rotación de las mesas. Preguntaron si queríamos continuar con las cañas o “tomar una copa de vino” (sic)
Como pedimos una botella de vino y que nos cambiaran los platos individuales con cada ración, parece que entendieron que no teníamos ninguna urgencia por cenar ni era necesario que nos sirvieran todos los platos a la vez. Porque se enfriarían y porque no había espacio sobre una mesa tan pequeña.
Cuando retiraron los chipirones prácticamente sin probar preguntaron, intrigados y sorprendidos, cual era la razón de que no nos hubieran gustado.
En general bastante correcto y muy ceremonioso a la hora de presentar el vino. Sólo se despistaron al final, cuando costó que trajeran la cuenta.

Comentario final: Es un local muy alejado del concepto clásico de casa de comidas. Es más bien un restaurante de cocina rápida, nunca mejor dicho, en el que la clientela deja de lado el interés gastronómico y se decanta por un lugar de picoteo, donde lucirse, ver y ser vistos.
La conjunción de elementos positivos: la abrumadora y festiva presencia femenina, el vino, el precio y la decoración, permite calificar la cena como realmente buena. En cambio, la comida, lo que te sirvieron en el plato, fue francamente mala.
 
Ricardo Alonso .
 
PUNTUACIONES:
 
AAv
AAr
APo
Car
Jus
Pac
Rau
Ric
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5
5
 
PUNTUACIÓN MEDIA:
5,00
 
 
PRECIOS DE LA CENA:
 
POR PERSONA:
30,53 €
ACTUALIZADO:
 
Reservó Raúl .
 
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Critica de metrópoli
Metrópoli. De tapas
 

 

Actualizada el 26 de diciembre de 2011
 
Notas: Las puntuaciones y comentarios que se expresan en esta web son referentes a las cenas y a las circunstancias concretas que concurren en cada una de ellas. No se juzga ni puntúa al restaurante.
 

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